Feria de San Bartolomé (Sierra de Yeguas)

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Festividad religiosa en honor a San Bartolomé, patrón de Sierra de Yeguas.

Esta es una de las celebraciones más importantes del municipio que suele dar comienzo el 24 de agosto, con el pregón que se realiza desde el balcón del Ayuntamiento.

Al finalizar dicho pregón se realiza el encendido del alumbrado de feria, con el que se decoran las calles principales, y se realiza una pequeña traca de fuegos artificiales, anunciando oficialmente el comienzo de la feria.

Los festejos suelen durar 4 días, siendo el más importante el 24 de agosto. Los eventos más importantes de este día son:

La misa en honor a San Bartolomé que se celebra el 24 de agosto a las 12 del mediodía en la parroquia Inmaculada Concepción.

A las 9 de la noche del 24 de agosto da comienzo la procesión del patrón, San Bartolomé, cuyo itinerario es idéntico al de la Semana Santa y recorre las principales calles del municipio como son: la calle Nueva, la calle Real, la calle Cruz o la calle Harina, entre otras. Durante el itinerario, una orquesta o banda de música, acompaña al patrón.

Ya de madrugada, y en la caseta municipal, se realiza la elección de la reina de las fiestas y de 2 damas de honor. Estas son elegidas de entre todas las candidatas mayores de 18 años que se han querido presentarse al concurso.

Otros eventos típicos de la feria de Sierra de Yeguas son:

  • El desfile de gigantes por las calles del municipio y con llegada al recinto ferial.
  • Elección de miss turismo y la pareja emigrante.
  • Los torneos de cintas a caballo.
  • Las actuaciones flamencas.
  • Los campeonatos de natación.
  • Carrera de sacos, bicis lentas y de cintas en bicicleta.
  • Los partidos amistosos de fútbol.
  • Fiesta de la espuma y del agua.
  • Cena de los jubilados y pensionistas.

La feria finaliza con una función de fuegos artificiales, traca fin de fiestas y toro de fuego.

Galería

Carteles de Feria

La feria en los años 1950-1960

En las ferias de los años 50-60 se ponía la caseta municipal en la plaza del pueblo y allí se concentraba la gente, a mediodía para copear y por las noches para bailar; bueno, la gente que podía pagar la entrada a la caseta y tenía algunas pesetillas para tomar una cerveza o copa, que aparte de los “señoritos”, eran los menos; los más débiles económicamente se ponían apoyados en la verja de madera a ver lo que acontecía en el interior del recinto. Algunos años se hizo otra caseta extraoficial en el patio de Bartolomé Notario en la calle la Cruz que se identificaba como “caseta de los pobres” porque sus precios para el acceso eran más asequibles a los bolsillos.

Entre los muchos feriantes, había un hombre que ponía un puesto en la fachada de la Posada con una docena de botellas y las llenaba de líquido de diversos colores que los hacía con una mezcla de agua y distintos polvos coloreados. Elegías el color que querías, pagabas el importe, y te lo tenías que beber allí. Recuerdo haber oído alguna vez decir a Juan y Ramona, los dueños de la Posada, “niño, no te tomes eso que está hecho con agua del pozo”. Las botellas se rellenaban sin lavado previo y la gran mayoría de los niños guardábamos cola para beber “el exquisito refresco”.

Una de las atracciones de las ferias en estos años era el cine. Había dos funciones una en cuanto anochecía, y la otra sobre las doce de la noche. La calle del cine se convertía en un hervidero humano con un grupo de gente que salía de ver la película y otro grupo que se dirigía para entrar a la segunda función.

Otra de las atracciones más divertidas y esperadas en la feria era la carrera de cintas con bicicleta. Las niñas casaderas bordaban bandas de diferentes colores con diversos motivos y con el nombre de la autora. Los concursantes, subidos en bicicletas, debían acertar a introducir un palillo en uno de los aros metálicos que colgaban, atados por una cinta que se anudaba con un falso nudo atravesado, lo que permitía que éste saltase sin dificultad cuando el palillo atravesaba el aro y topaba con la mano. Cada concursante intentaba obtener la cinta bordada por la niña de sus sueños, otra cosa es que lo consiguiera.

En estos años, la solemne misa en honor del patrón San Bartolomé tenía peculiaridades derivadas de las connotaciones políticas de la época. Inmediatamente antes de empezar la ceremonia, coincidiendo con el último toque de campanas, entraban en el templo el alcalde y resto de autoridades y personalidades locales (concejales, médico, juez de paz, cabo de la guardia civil, farmacéutico, director de las escuelas, etc.), que a través del pasillo central se dirigían hasta las proximidades del altar mayor donde presidían el acto religioso ocupando unos sillones que se colocaban en las grandes festividades. A la hora de la consagración, la banda de música interpretaba el himno nacional.

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