Paseo del Parque

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PASEO DE LA ALAMEDA

La decoración del Parque fue, obviamente, el resultado de muchos trabajos interdisciplinares, pues una vez dispuestos los terrenos ganados al mar se hizo preciso dotarlos de suficiente arboleda y jardinería que dieran carácter de parque público al atractivo pulmón ciudadano del centro urbano. La repoblación se llevó a cabo, en primer lugar, en los andenes laterales, es decir, los más próximos a la Cortina del Muelle y del paseo de Cintura del Puerto «o de los Curas», como muy pronto comenzaron a llamarle los malagueños; más tarde, y poco a poco, se fueron delimitando los jardines propiamente dichos, así como los placenteros recintos para la lectura o descanso de las gentes a la sombra de su vegetación. Se trazaron igualmente parterres, macizos vegetales y se instalaron bancos de obra revestidos de azulejería publicitaria de los importantes comercios malagueños, y glorietas y obeliscos en memoria de distintos malagueños ilustres: Salvador Rueda, Narciso Díaz de Escovar, Rubén Darío, Arturo Reyes y Cánovas, cuya escultura se trasladó posteriormente al comienzo de la avenida que lleva su nombre al final del Parque.


El Parque fue atractivo recinto ferial en numerosas ocasiones. La primera vez que el entonces solar de los actuales jardines de Pedro Luis Alonso prestaron escenario para una manifestación ferial fue en 1924, cuando se celebró la Exposición y Feria de Muestras. A través de su lúcido y bien costeado montaje se presentó por vez primera una visión del trabajo, la historia y el arte en Málaga. Se inauguró la noche del 17 de agosto del expresado año con asistencia de Rafael Benjumea Burín, conde de Guadalhorce, que había sido designado presidente de la Junta Permanente de Festejos, encargada de su organización y montaje. También estuvieron presentes el llamado «gobernador cívico-militar», general Cano Ortega, y el alcalde, que entonces lo era el famoso médico José Gálvez Ginachero.

Durante la estación de los fríos veremos el pascuero o estrella de Navidad. Es planta, como nos dice dicho autor, originaria de México y América Central, que compite en belleza y color con laIdílico espectáculo para los sentidos «Strelitzia reginae» o ave del paraíso, de procedencia sudafricana. La variedad gigante, «Strelitzia nicolai», es mucho más alta que la primera y también tiene su abundante representación en el mismo ámbito. De África se encuentran igualmente áloes, clivi as, calas de Etiopía y dombellas, por citar las más sobresalientes y conocidas especies.

En lo que se refiere a la estación primaveral, cuando estalla de color y aroma todo el recinto poniendo en guardia los sentidos, el mismo autor destaca, entre otras especies algunas de ellas infrecuentes en otros parques-, el celindo, los rafiolepis, el senecio o planta de los vilanos, la gre- villea o zosle plateado australiano, el braquiquitón o árbol de lade llama, la platanera, el acanto y el membrillero del Japón.

Ciento seis años ha cumplido el Parque malagueño, el verdadero jardín de nuestra urbe. Situado junto al mar en terrenos que a él se ganó con decisión, hoy es una de las grandes metáforas de nuestra ciudad.


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