Era de la Carrera

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Ante el castillo existía una pequeña explanada que, tras el año de 1,821, era utilizada para las tareas de trilla de las cosechas del pueblo. Ante la puerta de entrada a este histórico edificio existía una gran zanja sobre la que caía un enorme portalón que daba acceso a su interior. Tras la cesión de los Sres. Duques de Medinaceli del Castillo para cementerio hubo que reformar el lugar. Se rellenó la zanja y se construyó una pared para sostener la tierra de la entrada. La era, que era terriza, se empedró, consiguiéndose un lugar excelente para las trillas de las cosechas. Toda esta labor de reforma fue dirigida y costeada por los sacerdotes de Benadalid, D. Manuel y D. José García Sierra. Célebres por su entrega sin reservas a su misión sacerdotal en distintos lugares de Andalucía, por sus acciones sociales encomiables, por su intenso amor a su pueblo y a sus gentes. Ante esta era y explanada se destaca desde el siglo XVIII un magnífico y excelente monumento de piedra caliza tallada coronado por tres cruces. Es la estación duodécima del calvario que se iniciaba en la calle de la Estación, hoy San Isidoro, recorría todo el camino del Calvario, llegaba a la carrera y bajaba por la calle Real hasta la Iglesia. En muchas fachadas de esta calles recuerdo haber visto las correspondientes cruces de cada estación y en el camino monolitos con sus correspondientes cruces. Algunas personas consideraron este monumento como una Cruz de Humilladero por el hecho de que a sus pies se entrecruzan varios caminos. Los Sres. Duques, dueños del Señorío de Benadalid y Benalauría, hicieron este regalo al pueblo. Para su talla y construcción trajeron canteros de Portugal y aquí se quedaron. El apellido Fernández nos los recuerdan. La Carrera es quizás el lugar más bello del pueblo y con más peso específico en materia histórica. Explanada en la que trenzaron ayer sueños de besanas y cosechas, de pasos de hombres que hundieron trabajo y sudor en la tierra, de ojos que miraron anhelantes arriba sedientos de glorias y honores. Llano de espadas y cruces, de brillos y tinieblas, de fuegos de victoria y fríos de muerte. Lugar de defensa y vigilia, de trabajo y esperanza, de penitencia y oración. De risas en atardeceres, de cantos en las noches, de aleteo de amores en ojos enamorados, de anhelos de madrugadas risueñas.

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