Torre del Moro (Benaoján)

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Uno de los monumentos más conocido por los Benaojanos es la llamada “Torre de los Moros”, cuyo nombre evoca a los musulmanes que habitaron nuestro municipio y que la construyeron con el fin de controlar el importante paso del Valle del Guadiaro.

Esta es la idea más extendida sobre su utilidad, sin embargo, su función no sólo era la de vigilar el acceso a la ciudad de Ronda a través del Guadiaro, sino también el actuar como lugar de refugio, en caso de ataque por parte de los cristianos, para los habitantes de una alquería o pueblo situado junto a ella. Esta se llamaba Abcegina u Ocegina, del cual deriva Sexima y el verdadero nombre de la torre,”Torre Sexima”.

Historia

A través de las siguientes líneas vamos a conocer la historia de este pueblo olvidado del que sólo nos queda hoy sus ruinas y su torre, además de su mención en numerosos documentos ubicados en los archivos históricos.

Las primeras evidencias de doblamiento humano en Sexima se remontan a época romana y más concretamente a los S. I – II d.C., como parecen demostrar algunos fragmentos de “Terra Sigilata” hallados en la zona. De este período histórico podemos hallar en el yacimiento numerosas tégulas, ímbrices, ladrillos y cerámica común. También han sido encontradas numerosas monedas.

Sexima sería durante la dominación romana un pequeño centro de producción agropecuaria, que viviría de la ganadería y del cultivo de los cereales en las fértiles tierras de la cercana Dehesilla. También habría algo de industria, pues en el lugar han sido encontrados algunos ladrillos calcinados y con defecto de cocción, lo que indicaría la existencia de un pequeño centro de producción de ladrillos, tégulas, etc., que quizás abasteciera las necesidades de Sexima y otros pequeños núcleos de poblamiento romano existentes en la zona de la Dehesilla.

Hay quien dice que en la Dehesilla hay restos de una calzada romana, la cual hubiera unido en su tiempo a Sexima con la calzada que unía las ciudades romanas de Carteía (término de San Roque, Cádiz) y Acinipo (término de Ronda), a través del Guadiaro. Nosotros no hemos encontrado rastro de ella.

Posteriormente en época visigótica, siguió poblada Sexima como parece demostrar el hallazgo en 1773, en el paraje conocido como Viñas del Concejo (cercanías de Sexima), de un ladrillo perteneciente a una tumba cristiana. Tenía dos cuartas de largo por una de ancho y tenía la siguiente inscripción: “BRACARIVS VASCVM.TVIS”(1). Medina Conde en su Diccionario Geográfico Malagueño, hace mención al hallazgo de monedas de “godos” en Benaoján, lo que es una prueba más de la presencia de estos en Sexima(2).

Pero será durante la dominación musulmana cuando Sexima viva su época de mayor esplendor.

En el año 711 es conquistada la península Ibérica por los árabes. Acompañando a estos, se asentaron masas de Beréberes procedentes del norte de África, entre los cuales se encontraba la tribu de los Banu Awsaya, una fracción de los Masmuda. Esta tribu berebere sería la que se asentaría en la Sexima visigoda y la que le daría su nombre, ya que según algunos autores (3), el primitivo nombre de Sexima, Abçegina u Oçegina, provendría de Awsaya, por lo que podríamos traducir, de alguna manera, Sexima como el lugar de los Awsaya.


Época musulmana

Durante la dominación musulmana Sexima sería una pequeña alquería, cuyas casas se extenderían a lo largo de la loma en la que se sitúa, hasta el pequeño cerrete donde se ubica la Torre del Moro o Sexima. Sobre el número de casas que tenía sólo tenemos la referencia de Medina Conde quien dice: “había ruinas enterradas de algunas pocas casas” (4), lo que nos indica que no serían más de 10, las casas que formaban Sexima. Junto a las casas y en un sitio dominante se encontraba la torre, la cual se encontraba rodeada de un cerramiento murario, el cual era utilizado por los habitantes de las alquerías para refugiarse en caso de peligro. Ya en la zona más alta de la loma se ubicaba la fuente que abastecía al lugar y que en época árabe se llamaba “Ayneceçegina” (5), que significa Fuente de Sexima. Muy cercana a ella se encontraba una presa que dirigía a través de una pequeña acequia, el agua a la alquería, además de regar, quizás, una pequeña porción de tierra situada entres las casas y el arroyo que forma la fuente.

Sobre la ubicación del cementerio, este debió ubicarse al pie del cerro donde se encuentra la torre y por encima de la huerta del Policía, como parece indicar, según dice la gente del lugar, el hallazgo de tumbas pertenecientes a una necrópolis.

En lo que se refiere al número de personas que pudieron habitar Sexima, este dato no es desconocido. Sólo conocemos el nombre de dos de sus últimos vecinos, la Pecheyra y Goldonças.

Sobre su economía, esta se basaría en la ganadería, y sobre todo, en la agricultura, cultivándose las fértiles tierras cerealísticas de la Dehesilla.


Siglos XV y XVI

Pero toda esta larga historia culminaría a finales del S. XV a finales de la década de los 70 o comienzos de la de los 80 del citado siglo, Sexima se despoblaría definitivamente. La razón tuvo que ser la intranquilidad de encontrarse en una tierra de frontera, unido a las numerosas “razzias” de los cristianos, quienes arrasarían la alquería que se encontraba en un lugar poco adecuado para su defensa. Así a finales del S. XV, Sexima ya estaba despoblada y sólo perduraría su importancia gracias a la torre, al quedar encargada de controlar el paso de las Angosturas al ser derruido el castillo de Benaoján.

Esta despoblación del lugar hizo que durante los pleitos que se dieron a finales del S. XV y comienzos del XVI entre Benaoján y Ronda, las tierras de Sexima fueran disputadas entre ambas localidades, quedando finalmente como tierras de Benaoján.

En 1571 aparece en el “Libro de apeos y repartimientos de Benaoján” la Torre Sexima como propiedad del Marqués de Ardales.


A partir del diglo XVIII

A mediados del S.XVIII, queda el recuerdo de Sexima en el nombre de un partido de tierras llamado de Segina.

Hoy en día sólo nos queda de Sexima sus ruínas, expoliadas continuamente, y los restos de su torre, la Torre del Moro, de la que sólo queda en pie una sola de sus paredes. Lleva así desde mediados del S.XVIII, como indica Medina Conde: “hay un lienzo de una torre que llaman de Sejina, a distancia de media legua del pueblo y a su inmediación las ruinas de los demás lienzos” .

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